La pérdida de mi madre, un ángel entre los ángeles, fue una prueba que reforzó mi convicción en la existencia de un mundo invisible.
Los Últimos Momentos y el Adiós
Nuestra familia fue sorprendida cuando mi madre fue llevada de urgencia al hospital una noche de domingo, para finalmente dejarnos la mañana siguiente. Estaba en Inglaterra y no pude regresar a tiempo. Su enfermedad se había agravado ese verano.
La mañana de su partida, un mensaje enigmático repetido en mi cabeza, «11:11», me despertó.
En el hospital, mi hermana y mi padre estaban con mi madre cuando la enfermera preguntó si había otro hijo, señalando que el final estaba cerca. Llamé para decir «Adiós», aunque ella estaba inconsciente.
Poco después, ella dejó su cuerpo terrenal oficialmente alrededor de las 12:10. Pero mi hermana indicó que el electrocardiograma cayó a cero entre las 12:10 y las 12:12, posiblemente a las 11:11 en hora inglesa. Su fecha de fallecimiento, 20/11/2023, también evoca el número 11 al sumar todos los dígitos. Lo vi como una señal, como las alas de un ángel, marcando su elevación espiritual.
Encuentro con lo Invisible
Unas horas después de su partida, sentí un velo invisible envolviéndome en la calle, llenándome de emociones y escalofríos, recordándome los tiernos gestos de mi madre durante mi infancia. Era su adiós esta vez.
Por la noche, una luz inusual en mi habitación oscura reveló la presencia de una criatura luminosa (ángel, elfo, etc.), revoloteando y bailando por toda la habitación, simbolizando la liberación de mi madre de su cuerpo doloroso y confinante durante años.
Pareció transmitirme palabras: «Escuché todo lo que dijiste esta mañana, tus palabras, tus confesiones, y eso me trajo la paz necesaria para partir». Algunas palabras, más personales, permanecen en mi corazón. Esta experiencia y la visión de mi madre como una joven mujer me sosegaron y apoyaron durante el duro proceso de su funeral, que se convirtió en una celebración de su paso por la tierra.

Celebración de la Vida y el Paso
Durante la ceremonia, una feliz coincidencia determinó la fecha y el lugar: la iglesia de San Juan Bautista, el 24 de noviembre, día del cumpleaños de mi padre y correspondiente a mi nombre. La mañana de la celebración, encontré dos pequeñas alas blancas frente a la ventana de la habitación de mi madre.
Rechazando ver su cuerpo en la morgue, preferí recordarla en su forma más luminosa y feliz.
Cuando me preguntaban cómo estaba, respondía que estaba triste por no poder compartir más momentos con ella y feliz de saberla en una hermosa luz.
Los tres signos de ese lunes – la hora 11:11, el velo y la visión del ángel – me trajeron apoyo y consuelo en mi duelo. Necesitaba reunirme con mi familia, y estos encuentros fueron reconfortantes.
Conclusión: Un Ángel Entre los Ángeles
Toda su vida, mi madre se ocupó de los demás, su familia, sus amigas, sin pedir nada a cambio y manteniéndose en un segundo plano. Siempre veía el lado positivo en todo y tenía un agudo sentido del alma humana.
También me animó a abrazar plenamente mis capacidades extrasensoriales, un tema que interesaba a mi madre, y a vivir con autenticidad y generosidad.
Este paso marcó un punto de inflexión, reforzando mi fe en una realidad más allá de lo visible y la importancia de atesorar cada instante de nuestra existencia terrenal. Permanecerá por siempre en nuestros recuerdos. Tocó muchos corazones, que vinieron en gran número a su funeral. Un ángel en la Tierra se ha unido a los ángeles en el cielo.